undefined
A la hora de comprar jamón ibérico existe mucha confusión para saber distinguir uno bueno de otro que no lo es. Fijarse en el tono negro de la pata es una de las falsas creencias más difundidas y engañosas, ya que hay razas ibéricas puras con pieles rubias o de color. Lo único cierto es que los jamones ibéricos lo son porque procede de animales que son de raza ibérica. No tiene nada que ver, pues, con la elaboración ni la alimentación del cerdo, ya que es una cuestión puramente genética. Si el cerdo no es de raza ibérica, no se puede denominar así el jamón.


¿Qué podemos hacer para saber si estamos ante un buen jamón? ¿En qué hemos de fijarnos? Debemos tener en cuenta que el jamón ibérico de calidad suda siempre. Por lo tanto, debe estar brillante y aceitoso. No puede ser seco ni carecer de brillo. Además, el jamón ibérico de calidad tiene la grasa de color marfil, tirando a crema. Para salir de dudas podemos pedir que nos dejen probar una pequeña porción, la grasa se debe deshacer en la boca si el jamón es ibérico. De hecho, sólo con tocarlo ya lo notaremos, pues tiende a deshacerse.
Un factor que influye en diferenciar los jamones es el proceso de curación. Y aquí, el clima es determinante. De ahí, las diferencias entre un jamón de Huelva o Extremadura. Debes tener presente que en el proceso de curación pasan un par de cosas. Durante el día, con el calor, el jamón suda y la grasa se reparte. Por la noche, el frío hace que la grasa deje de fluir y se asiente, fijándose por todo el jamón. A partir de aquí, optar por un tipo de jamón u otro depende ya del gusto personal de cada uno. Y como no del presupuesto del que dispongamos.